El blog de José Luis

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jueves

28

julio 2005

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Tres metacarpianos rotos

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Hoy fui a la Clínica 32 del IMSS a que evaluaran mi mano derecha. Después de la visita al Depto. de Radiología comprobé mi estimación: tengo tres huesos metacarpianos rotos… del tercero al quinto. En ese tipo de casos se recomienda que se interne al paciente para programar una cirugía. Así que me internaron. Sin embargo, no pude resistir el horrendo ambiente apocalíptico y deprimente de las instalaciones del IMSS. Habiendo pasado sólo cinco horas, pedí mi alta voluntaria. Y es que, definitivamente no puedo soportarlo.

Cuando llegó mi padre por mí, yo estaba sumamente nervioso: había pasado la noche escuchando lamentos, historias de personas que estaban detenidas en el hospital esperando a declarar en el ministerio público, niños que que habían sufrido alguna fractura y que lloraban desconsoladamente y hasta el caso de algún viejo que había caído por las escaleras y se había fracturado el fémur. Así mismo, no me agradaba la idea de cagar en un cómodo, estando yo perfectamente bien, con la capacidad de erguirme e ir a un baño. No me habrían permitido pararme durante cuatro noches seguidas, al menos. Me habría convertido en una lapa, pegada a la camilla (ya ni tan siquiera una cama, sino una miserable camilla de un metro de ancho). No, definitivamente no me puedo ver en esas condiciones. Aceptar ese ambiente, esas condiciones insalubres (hasta material infeccioso se podía ver en el baño), sería tanto como aceptar que eso es lo que nos merecemos como mexicanos, que no se nos puede dar calidad en los servicios de salud y que nuestra vida se basa en cuantos somos y no en lo que valemos.

No puedo aceptar que el IMSS mantenga esas condiciones tan mediocres. Una tienda de la Cruz Roja en una zona de guerra podría tener mejores espacios. El ambiente es horrendo: las camillas están separadas sólo por un metro de distancia entre sí, los ventiladores del aire acondicionado están saturados de polvo, las paredes están descarapeladas debido a los golpes que suelen dar los enfermeros inexpertos con las camillas al resituarlas, la máquina de escribir teclea a sólo tres o cuatro metros de distancia, los doctores, pasantes y enfermeros platican toda la noche y la maldita luz nunca se apaga. Nunca. Si bien te va, apagarán el radio, que tienen sintonizado en alguna estación de música de los 50s. No puedo imaginarme algo peor que lo que se vive en el IMSS. No quiero. De por sí, eso ya es horroroso.

Hoy voy a ir a BANAMEX, a ver si me abren un crédito, para pagar mi operación en un hospital en el que no tenga que sufrir estas barbaridades. Quizás al mismo al que fui la vez pasada, en donde me atendieron muy bien, se puede tener cierta comodidad y no te obligan a presenciar el dolor ajeno. No hay por que sufrir de esa manera. Es deprimente y te hace sentir más enfermo.

happy wheels