El blog de José Luis

Narrador | YouTuber | Gamer | Editor | Escritor | Diseñador … AKA El abuelo Kraken 🦑

depresión Archive

miércoles

24

enero 2018

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Tiempo de volver a vivir

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Hay días en los que la depresión regresa. En ellos, los pensamientos negativos nublan mi mente y mi percepción se cierra a la pequeña burbuja que -entiendo ahora- he creado para mortificarme. Sigo teniendo ensoñaciones suicidas, pero los entiendo como la forma en que me mortifico y me satisfago, a la vez, al pensar en el sufrimiento que les haría a aquellos a quienes atribuyo cierta responsabilidad. Nada más falso y sí muy enfermizo y sadomasoquista.

Si acaso he sido yo quien tomó las decisiones, ya sea por acción u omisión, por cobardía, por desidia o por mi depresión; como hace doce años, cuando rechacé salir con Sonia Gutiérrez cuando se lo había pedido sólo una semana antes (algo de lo que me he arrepentido, ya que habría sido una hermosa experiencia, independientemente de que un año después conocí a la mujer más importante de mi vida). Lo que más ha influido, creo yo, ha sido el miedo a ser y tener responsabilidades de adulto, a sufrir abandono cuando más necesitaba compañía, a ser rechazado y olvidado, y sobre todo, a estar solo.

Todos mis temores se presentaron de golpe el 6 de diciembre de 2017, cuando me enteré por boca de mi padre que el viaje que tenían planeado una semana después junto con mi madre no serían las vacaciones de siempre, sino un retiro permanente. Mis padres decidieron que era buen momento para jubilarse y mudarse al pueblo.

Entendí y apoyé su decisión, aunque me tomó por sorpresa, ya que desde hace siete años estaban planeando hacerlo y nunca llegaba el día. Digamos que terminó por ser como “Pedro y el Lobo”, pero invertido. Les hice saber que no tenían por que seguirse preocupando por mí. Era el adulto el que hablaba. Por dentro, estaba muerto de miedo y quería morirme. María José, mi ex y confidente, se enteró de todo. No tenía a nadie más a quien recurrir para sacar mis miedos porque a veces pienso que soy una molestia.

No puedo negar que a mis 42 años es una vergüenza no haber logrado la independencia económica. Años de psicoanálisis con dos profesionales en la materia, no abonaron mucho para encontrar el origen del pánico que siento a crecer emocionalmente y a involucrarme social y sentimentalmente. Nunca he ejercido mi profesión en un empleo que no sea freelance, han pasado al menos cuatro años desde la última vez en que traté de tener una relación formal, y a tres de no relacionarme ni siquiera sexualmente con nadie. No he ido a una sola reunión desde hace al menos un año. Mis amigos no me llaman cuando algo importante ocurre en sus vidas (bodas, bautizos, etc.) -excepto Juan Carlos, quien me ha invitado cordialmente a su boda en el mes de abril-. Y los comprendo: me volví el viejo amargo y el malacopa, el cuate que no quieres en tu vida.

Muchos podrían pensar que odio al mundo, que soy muy presto a la crítica o al criticismo, que sólo veo los puntos negativos de las cosas y que no hay forma de que cambie; pero lo cierto es que no pueden ponerse en mis zapatos. Jamás sabrán lo que es tener tu ritmo circadiano alterado, más que por unos cuantos días por el jetlag; o comenzar una tarea y estar pensando en otra a los pocos minutos, porque no puedes concentrarte en una sola; o perder de pronto la memoria, olvidando incluso palabras que se usan diariamente, y no saber cómo expresarlo en el momento en que lo necesitas. Por eso es que no me involucro más con quienes han decidido alejarse y la soledad se ha convertido en mi actual compañera.

Aunque aún temo a donde me va a llevar todo este proceso, esta experiencia que ha empezado por mantenerme a mí mismo -algo que no hacía hace unos doce años, antes de que intentara suicidarme-, estoy seguro de que no desistiré y permaneceré orgulloso de retomar algo de lo mucho que perdí. He desempolvado el restirador y mis acuarelas, quizá sea tiempo de volver a vivir.

viernes

17

febrero 2006

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Viviendo con depresión y TDAH

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Soy hiperactivo y disperso. Esta es mi realidad: vivo siendo un genio frustrado por mí mismo. Ello me convierte en “Don Amargado”. Me lo han dicho algunos amigos. Parece que no disfruto de nada de lo que hago con ellos. Y a la vez, me siento triste si no estoy con ellos. Algunas desventajas de vivir con depresión y TDAH al mismo tiempo. Sentimientos encontrados, ideas brillantes nunca aprovechadas y una sensación de ser abusado por todos… de ver a todos como malagradecidos. Pero no son sentimientos reales. Nunca lo serán. Porque si hay algo de lo que estoy seguro, es que la amistad dura para siempre. La verdadera amistad, por supuesto. Porque hay algunas personas que no son amigos ni de sus piojos.

Nadie dijo que la vida sería fácil, así que no debo quejarme tanto. Sólo un poco. Es bueno estar inconforme, porque me exijo más. El problema viene cuando me exijo demasiado. O incluso, cuando demando demasiado. No entiendo porque estoy aquí sentado sin hacer más que escribir una sarta de tonterías que a nadie le interesan. Pero creo que no debo entenderlo. Podría terminar descubriendo la razón fundamental de la vida. Es bueno vivir con incógnitas. Hacen de la vida una experiencia más excitante.

La depresión me tiene sumido en la inactividad física, pero el TDAH me mantiene despierto en los momentos de claridad. Pero disperso, en un mundo onírico. Suave, como el helado de vainilla recién preparado. Sólo me hace falta algo: ser feliz por lo que soy y aprovechar mis habilidades al 100%. Y leer… leer mucho. Me apasiona la lectura. Pero me encanta dibujar. ¿Hace cuanto tiempo que no dibujo? Ya perdí la cuenta. Tal vez año y medio. Es triste, pero así es. Por ello debo salir de las tinieblas en las que vivo. El tiempo lo cura todo, menos la muerte… y el SIDA… y el ébola… y el…