El blog de José Luis

Narrador | YouTuber | Gamer | Editor | Escritor | Diseñador … AKA El abuelo Kraken 🦑

miércoles

20

septiembre 2017

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Otro 19 de septiembre

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El lunes había caído rendido en los brazos de Morfeo antes de tiempo. Me sentía mal, así que me recosté. Dormí poco -como de las 8 p.m. a la medianoche, aproximadamente-. Recuerdo que estuve jugando Hearthstone y renderizando el vídeo para subir un par de clips a mi canal de YouTube. Estuve varias horas leyendo noticias, escuchando el canal de Aristegui, incluso pude ver algún capítulo de una serie y leer una opinión de un crítico de cine sobre la película ‘Eso’. Compartí algunos estados en Facebook y publiqué una nota en Gamerscamp. Cuando me di cuenta, ya pasaba de mediodía (unos días antes, durante mi livestream ‘Charlando con el abuelo Kraken’ les había comentado que para mí el tiempo pasaba muy rápido). Fui al baño y me enjuagué la boca, regresé a la sala y encendí la TV, y después visité la cocina para ver si había algo preparado para desayunar. Abrí el refrigerador, saqué el jamón y medio aguacate que encontré partido. — La cosa es llenar la panza.

No es que tuviera mucha hambre. Sentía unas fuertes punzadas en el estómago, tal vez como inicio de gastritis (no sería la primera vez). Además, había estado constipado. Me hice un sándwich muy mal preparado, y enseguida fui a la sala a ver la TV. Estaba el canal de Milenio Noticias. Pasaban algo sobre un simulacro y cómo la gente en Morelos había decidido no participar, que porque no les parecía apremiante. — Son imbéciles — , pensé. Le cambié a Al Jazzera.

Después de unos minutos terminé el almuerzo. Luna, mi gata, se recostó al lado mío. Comencé a acariciarla. La ventana estaba abierta, así que me quedé mirando a una hermosa nube, mientras pasaban mensajes de intermedio en el noticiero. Y en ese momento empezó otro 19 de septiembre. — ¿Está temblando?

Unas horas atrás había estado recordando lo que había pasado en 1985, porque cuando llega la fecha de esa tragedia, invariablemente la vuelves a vivir -aunque, afortunadamente, en un grado mucho menor-. Las imágenes del Hotel Regis, el edificio de apartamentos de Tlatelolco, las fábricas de Tlalpan, toda esa tragedia que cobró la vida de decenas de miles de seres humanos y mascotas. Todos ellos, muertos después de un instante.

Súbitamente, el movimiento telúrico se hizo más violento. — Sí ¡está temblando! — Me lo dije para mis adentros con incredulidad, pues apenas el día 7 pasado habíamos tenido un terremoto de 8.2 grados Riechter de intensidad que, por fortuna, no había causado daños importantes en la Ciudad de México. — No mames, está bien fuerte. — Comprendí que era hora de salir del apartamento. Luna saltó del sillón y salió corriendo a una de las habitaciones. Llegué a mi habitación y me puse los zapatos en cuestión de segundos. Para entonces, las arremetidas del sismo se habían intensificado tanto que ya se agitaban las puertas de la alacena, la vitrina y las habitaciones. Llegué a la puerta del apartamento, tomé las llaves y no pude abrir. — Hasta aquí llegué, esto se va a caer en cualquier momento — , pensé con horror.

La fuerza del terremoto me impedía mantener el equilibrio. Me recargué en la pared y miré como se caían algunos tuppers de la alacena. Una figura de porcelana se hizo añicos en ese instante. Era una escena aterradora. Pero, por fortuna, el movimiento de la tierra poco a poco perdía intensidad. Pude abrir la puerta. Aún se escuchaba cómo se agitaban las cosas en todo el edificio. Los niños del apartamento 6 y su madre no habían podido salir aún. En el estacionamiento estaban algunos vecinos, así que me dirigí ahí. Cuando llegué me informaron que mi mamá estaba en la azotea. ¡Imagínensela! Fui por ella. Cuando la encontré ya comenzaba a bajar del edificio, orando. Y aún estaba temblando. — Pero ¿qué haces? ponte a rezar cuando hayas salvado la vida, no antes. — Como pudimos, bajamos del edificio, y para entonces, ya había remitido el sismo. No esperé más, fui a ver a mi papá.

Salí del edificio, que aun parecía balancearse muy levemente. Vi a mi papá y a mi cuñado junto con otras personas en la glorieta de Arcos Oriente y Pérgolas. En la tienda se veían envases y paquetes de productos diversos tirados en el suelo. En la paletería se habían caído varias cosas, incluyendo tres frascos de mermelada y mucha agua. Así de intenso había sido el terremoto: hasta el agua saltó del depósito que sirve para sacar los moldes de paletas. Las noticias comenzaron a llegar velozmente: bardas caídas, yeso de construcciones aledañas, pero lo demás se escucharía más tarde a través de un radio de baterías que tenía por ahí mi cuñado.

Lo demás, todos lo conocemos: decenas de edificios colapsados en toda la ciudad y muchos más dañados al grado de volverse peligrosos, mucha gente saliendo a la calle con crisis nerviosas y un mar de personas dispuesta a brindar una mano para salvar vidas. Hace tiempo dije en Facebook que, ante el desastre, sólo el pueblo podía salvar al pueblo. Y así ha sido. Miles de personas se han presentado en los lugares donde más se necesita la ayuda, ya sea para coordinar centros de acopio para los damnificados, o para intervenir en las ruinas de los edificios y casas derrumbadas por el terremoto, este nuevo terremoto de otro 19 de septiembre.

Y la historia continúa, pero hay mucha esperanza.

FUENTE: AFP

2 Comments

  1. Abril Marion del CastilloM

Te agradeceré mucho si me dejas un comentario. Eres bienvenido. :)

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