El blog de José Luis

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Domingo

21

Octubre 2012

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El infiernito de Jardines del Sur

Written by , Posted in Opiniones

Nunca he comentado nada al respecto de mi colonia para evitar cualquier altercado con los vecinos. No importa de quien se trate, la mayoría fueron, son o serán clientes de mi padre, y por esa sola razón se merecen un respeto. Sin embargo, la copa está rebozando y sólo queda una gota para que se derrame. Por eso es que voy a dar mi opinión sobre la situación actual, aunque habrá a quienes no les parezca.

Primero que nada deseo identificarme, por si acaso algún vecino no sabe quien soy. Mi nombre es José Luis Cruz, y soy hijo del dueño de la nevería que se encuentra en Arcos Oriente #212, casi esquina con Pérgolas, frente a la primera glorieta. La mayoría de la gente no me conoce o me ha visto poco, porque la mayor parte de mi vida me la pasé estudiando (y en alguna parte de ese periodo me la pasé perdiendo el tiempo, pero ese es otro tema). Es más probable que se acuerden de mí los adultos mayores que viven en esta hermosa colonia que los jóvenes de mi edad, ya que estudié primaria y secundaria en otra zona de la Delegación. No hice amigos en Jardines del Sur y no es algo de lo que me arrepienta; simplemente, así fueron las cosas.

Para nadie es un secreto que nuestra colonia siempre ha padecido de la muy mala leche de los funcionarios perredistas. Históricamente, Jardines del Sur ha sido mayoritariamente de derechas. Al pasar de los años y desde que nació la figura de Jefe Delegacional, la Administración nos fue abandonando poquito a poco, quizás como castigo; hasta que llegamos a este funesto año, en el que la tasa de inseguridad se disparó al doble en relación al año anterior. El principal delito ha sido robo con violencia en casa-habitación, aunque ya se han dado casos de asesinatos (el más reciente, hace un mes en la calle Teja).

Pues bueno… sucede que hace unos meses —seis, si no me equivoco— la tienda La Palma sufrió un atraco. Según me enteré, les robaron maquinas y utensilios propios de un súper de gran tamaño, así que la pérdida económica fue fuerte (no sé que tanto, y la verdad no es de mi incumbencia). El caso es que a raiz de aquello se conformó la Asociación Civil Jardines del Sur 16050 con el apoyo de un buen número de vecinos. Una de las primeras acciones que tomaron, fue cerrar todas las calles y dejar únicamente dos puntos de acceso controlado: por Av. de los Arcos y por Av. Gárgolas. Sin embargo, jamás hicieron un estudio de impacto socioeconómico, por lo que se han ido incrementando paulatinamente las quejas en contra de esta medida que ha sido contraproducente. No solamente se impide el libre tránsito a los vecinos de las colonias aledañas, a los taxistas y a los residentes que no están de acuerdo con esta medida, sino que además ya ha causado algún que otro retraso en los servicios de emergencia —por suerte, nada que haya puesto en peligro alguna vida—. Hasta ahora, lo peor de todo es que los comerciantes de la zona ya han tenido pérdidas económicas. Mi opinión y crítica va precisamente en relación a esto último.

Esto también ha causado molestias a los vecinos de Rinconada del Sur, Huichapan, Tierra Nueva, La Concha, etc.; porque si por algún motivo pasaban anteriormente por nuestra colonia, dejando además una derrama económica importante, ahora tienen que dar un rodeo por Prol. División del Norte o por Acueducto para salir a vías importantes como Periférico y Calz. de Tlalpan.

Mi padre, como todos los vecinos adultos mayores deben saber, se instaló en Jardines del Sur por allá del año 1982. Yo llegué aquí cuando tenía sólo seis años de edad, por lo que he vivido toda mi vida en esta colonia. Él, yo y cualquiera, tenemos derecho —como cualquier ciudadano— a transitar libremente por esta colonia. El cierre de las calles desde el mes de Junio del presente año le ha representado una pérdida económica fuerte, de aproximadamente el 50% de sus ingresos. Esto no es cualquier cosa, y por esa sencilla razón no ha dado ni un centavo. Poniéndome en sus zapatos… estos cabrones me quitan ventas —porque mis clientes ya no pueden pasar o no se sienten cómodos al dejar una identificación— ¡y todavía tengo que pagarles por una supuesta vigilancia que no está funcionando!

Saben… mi papá es una de las personas más nobles que existen en este mundo, y es por eso que nunca lo van a ver quejándose. Pero mi papá no tiene ni un sólo pelo de pendejo, y es por eso que no paga nada a esta Asociación Civil que pretende imponer a los residentes una cuota voluntariamente obligatoria. Años atrás, este mismo esquema se probó en Jardines del Sur, con malos resultados. En primera, porque hay vecinos que se obstinan en ver en este fraccionamiento a una zona de mayor plusvalía (que sí, puede que así sea, pero no como lo fue en sus inicios), segregándola del resto de las colonias que la rodean; y en segunda, porque el libre tránsito —un derecho constitucional— se está violentando, al no permitir el libre acceso de los automovilistas (y ahora también, de los peatones). Se supone que ahora tengo que ir a dar un rodeo hasta Gárgolas, si quisiera entrar a lo colonia del lado de la Deportiva, o por De los Arcos, si llego del lado de las vías del tren ligero. Al peatón, lo hacen caminar más; y al automovilista, gastar gasolina en balde, porque si entra por cualquiera de las calles mencionadas, tendrá que salir por esa misma para recoger su identificación.

Ya he sido objeto de escrutinio en un par de ocasiones, aun siendo transeúnte, y créanme que me he enchilado porque no puede ser que después de treinta años de vivir en esta colonia, un par de mocosos caguengues vengan a decirme con toda impunidad “identifíquese”. ¡No mamen! Por si no les ha quedado claro… personalmente, no estoy de acuerdo con la medida y además estoy en contra. No sé si la gente de La Palma tiene reteharta lana como para no percatarse del cambio en la entrada económica, y la verdad ni me interesa. Lo que me interesa es que no afecten mis derechos y los de mis padres, y que mucho menos afecten su economía familiar. Si no ha funcionado ¡que lo dejen ir! Tal vez se ahorren una que otra demanda.

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