El blog de José Luis

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miércoles

16

noviembre 2016

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Chivo expiatorio

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Me despierto sobresaltado. Mi madre ha entrado a la habitación para recoger la basura de mi papelera, y cual si se tratara de una pepenadora, ha buscado en el interior de una bolsa opaca y anudada. Surge un reclamo luego de que halla dos cajetillas llenas de colillas y ceniza. Me culpa de la tos que ha estado padeciendo desde hace una semana, y no importa que le diga, no puedo convencerla de que esa basura ha estado ahí por más de dos semanas, incluso cuando la habitación no huele a humo.

Me pongo mal y comienzo a subir mi tono de voz hasta el punto de gritarle, de faltarle al respeto. Ella se lo ha aguantado todo, pues no la he dejado que me cierre la puerta de la habitación en la cara, después de hacerme chivo expiatorio de un malestar del cual estoy seguro que no soy responsable. Tengo sobrepeso, no me encuentro bien de salud, pero he comenzado a cambiarlo; y, sin embargo, no le es suficiente. Ella no busca quien la cure, sino quien se la pague. Yo no voy a hacerlo.

No tiene idea de lo que significa tener una adicción, al menos otra que no sea la adicción a sus medicamentos, a llamar la atención mediante la mortificación y la pena ajena. Es mi madre, lo entiendo, pero ella no parece comprender que cada cabeza es un mundo y que no todos pueden valerse sólo de la fuerza de voluntad.


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Un kit de inicio al vapeo, para caladas de boca a pulmón (la mejor forma de disfrutar los sabores de tus e-liquids).

Llevo poco más de una semana sin tocar un sólo cigarro, ni para pasarle la cajetilla a mi tallerista; y al menos cuatro semanas desde que compré el cigarrillo electrónico eGo AIO, confiando en la calidad de la marca Joyetech y la serie de estudios realizada en Inglaterra que confirma que el cambio de fumar a vapear salva vidas y puede reducir el consumo de nicotina de forma efectiva. He dejado de padecer los síntomas del fumador crónico: tos, dolor en el tórax e irritación de las vías respiratorias.

No es mi primer acercamiento a los e-cigs. Antes la oferta era baja y de precios onerosos; y sin distribuidores locales de los e-liquids, fue fácil recaer en los análogos (mucho más accesibles por encontrarlos en cualquier miscelánea). Los años han pasado y el cigarro electrónico ve una nueva época de oro, opacada sólo por las decisiones desinformadas de la OMS y los mezquinos intereses de las farmacéuticas, que lucran de una enfermedad que se ha convertido en una pandemia. Por fortuna, existe una comunidad bien formada y cada vez más numerosa de exfumadores, ahora vapeadores, que no sólo comparten su experiencia personal sino que difunden los casos de muchas otras personas.

Fumar, a pesar de ser llamado ‘vicio’, en realidad es una enfermedad, una adicción a una de las 5,000 sustancias que se encuentran en el humo del cigarro. Paradógicamente, no es la nicotina la que mata (al menos no en la cantidad que se fuma, y aún siendo un fumador pesado). Las autoridades de salud pública han clasificado unos 70 de estos componentes como las posibles causas de las enfermedades relacionadas con el consumo de tabaco, como el cáncer de pulmón, enfermedades cardíacas y enfisema. Pero no la nicotina…

Si eres un fumador activo, de esos que deben tener una dosis diaria ‘sí o sí’, te invito a que conozcas el vapeo. De entrada es algo distinto, pero si has ido a una discoteca o antro, probablemente no sea algo tan ajeno. ¿Alguna vez viste inundada la pista de un ‘humo’ inodoro y de gusto medio dulzón? Bueno, esa es la base que sirve al vapeador. Se trata de una mezcla de propilenglicol y glicerina vegetal -en la mayoría de los casos-, ambos de grado alimenticio, que puede o no contener algunos mililitros de nicotina de grado farmacéutico -altamente diluida, al punto que no llega a constituir ni el 2% del líquido-. A esta sustancia conocida como e-liquid, se le suele añadir algún aroma comestible soluble en agua y, por consecuencia, carente de diacetilo. Este líquido se evapora por medio de unas resistencias que luego de pasarle una corriente se ponen al rojo vivo. Se trata, en definitiva, de una mezcla muchísimo menos nociva que el humo del tabaco, y que además tiene el potencial de graduarse para reducir paulatinamente el consumo de nicotina, hasta abandonarlo del todo.

Hay incontables testimonios de vapeadores en toda la red, y podemos ver que las opiniones negativas -de exvapeadores- son nulas o tan bajas que no son significativas para calificar a esta actividad como nociva, al menos no en al grado del tabaquismo. Si algo podemos asegurar es que cuando el fumador pasa por completo al vapeo, se extingue el término tabaquismo, y pasa a ser un usuario de nicotina o nicotinómano. El dejar por completo el consumo de la droga, depende entonces del programa que se plantee el mismo usuario, porque no hay autoridad sanitaria que pueda velar para que esta actividad se convierta un método, no solamente aceptado sino reconocido para dejar de fumar.

Como lo podemos confirmar a través de estos testimonios, incluso de gente que padeció algún tipo de cáncer, al principio es complicado adoptar este medio como sustituto del cigarro, básicamente porque no sabe a lo mismo. Aunque existen aromas tabaquiles, mezclas de aromas que simulan muy bien el sabor de la hoja de tabaco, el vapor no sabe a humo. Hay que hacer uso de la fuerza de voluntad para aceptar el cambio hacia algo limpio, con una variedad casi interminable de sabores, que van de los tabacos a las mentas, de los dulces a los postres, de las bebidas a los líquidos más estrafalarios cuya mezcla es sencillamente única. Se trata de un nuevo apartado culinario, donde el vapor nos transporta a experiencias especiales, haciendo verdadero uso de ese rush de dopamina que causa la nicotina para disfrutar aún más lo que detecta nuestro paladar.

Por supuesto, el objetivo es dejarlo después de un tiempo, o vapear en cero nicotina. Algo recomendable, sobre todo para los exvapeadores nerviosos, es llevar siempre a la mano un kit de inicio con la batería bien cargada y un gotero con el e-liquid de su preferencia. Muchas veces, no es precisamente la nicotina la nos hace recaer, sino la fijación oral, el aspecto psicológico de la adicción.

Dejar de fumar, sí se puede, y tú eliges el método. Yo te comparto algo que me ha funcionado antes y me está funcionando nuevamente.

happy wheels