El blog de José Luis

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jueves

21

marzo 2013

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Brother HL-2140: la obsolescencia programada en mi vida

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Creo que no hay nada mejor que defina a las palabras ofensivo, indecente, tramposo y objetable, que la obsolescencia programada. Hay varias formas en que las empresas obligan a sus clientes a renovar/sustituir sus equipos y/o software, y en este caso en particular, a comprar consumibles. Por suerte no he sido víctima del plan con maña del capitalismo consumista, y gracias en gran medida a las personas que comparten su experiencia y conocimientos alrededor de este tema.

Años atrás compartí con ustedes el documental de Televisión Española llamado Comprar Tirar Comprar – La Historia Secreta de la Obsolescencia Programada. Creo que vale la pena que lo vean sólo para ilustrar este caso, que enseguida les voy a platicar.

HL-2140Sucede que hace aproximadamente un año, si no mal recuerdo, compré una impresora que se encontraba en oferta para sustituir una multifuncional Epson que me estaba dando muchos problemas. Primero tenía que sustituir el cartucho de tinta negra antes de que me fuera posible imprimir siquiera un borrador (en cuyo caso no importa el tono de las impresiones, porque su función debiera ser sólo un borrador —su nombre lo dice—). El caso es que en una ocasión le compré el cartucho nuevo cuando el software me indicaba que el resto de ellos estaban medio llenos. Imprimí unas cuantas hojas antes de que el software me lanzara un aviso de que el cartucho magenta se había agotado. Fue cuando dije “hasta aquí con las Epson”. Evalué la posibilidad de comprar una multifuncional de inyección de tinta, después de haber vendido mi equipo a un chico por medio de Mercado Libre, pero decidí que no me era indispensable el contar con un escáner ni imprimir a color, por lo que aposté por una Brother HL-2140. Mi primera impresora láser y la que conservo hasta el día de hoy.

No les voy a mentir. He estado muy satisfecho con el desempeño de mi equipo Brother. De hecho, ha sido una de las marcas que más he recomendado a mis clientes, y que seguiré recomendando, ya que la relación costo-beneficio es sencillamente formidable. Sin embargo, estuve a punto de ser víctima de la obsolescencia programada. Hace un mes tuve la necesidad de imprimir un texto que pretendía obsequiarle a Carlota. Sólo llegaron a imprimirse 32 páginas antes de que el software de la impresora me informara que se había agotado el tóner. Según mis cálculos, no era posible que hubiera gastado alrededor de 1000 impresiones (que es el promedio de rendimiento del cartucho que viene “gratis” con la compra). Además, había una evidencia adicional a mi favor: el paquete de 500 hojas de papel bond reciclado que adquirí antes, ni siquiera iba a la mitad; así que el tóner había tenido un mal rendimiento, pero fue “gratis”, así que estuve a punto de comprar uno nuevo hace sólo tres semanas. Por circunstancias de la vida, preferí destinar ese dinero a otro objetivo; y así estuve, sin utilizar mi impresora, saliendo a imprimir a cibercafés. En alguna ocasión, incluso, me tocó retrasar la entrega de mis documentos fiscales al despacho de contabilidad por esta cuestión.

Ahora que ya conocen el antecedente, les voy a platicar lo que hice hoy. Mientras estaba verificando los precios de las impresoras láser a través de mis proveedores, me saltó de pronto una dudita respecto al reciclaje de cartuchos tóner de las impresoras que estaba consultado. De hecho, la económica Samsung ML-2165 sólo requiere un firmware modificado para imprimir sin límites más que aquellos relativos a la duración real de las partes mecánicas tanto del tóner como del tambor. Esto último me hizo preguntarme el cómo se podía reutilizar un tóner modelo TN-330. Ya sabía que tenía que comprar unos engranes de plástico que se debían colocar dentro del cartucho, pues los que vienen “gratis” en la compra de la impresora no los incluyen. Empero, estaba necio con la idea de que no era posible que se hubiera agotado tan pronto, así que busqué información al respecto y la encontré. 😀

Sucede que el software de la impresora interpreta que el tóner está vacío por medio de una pequeña ventana que tiene el mismo. Ignoro cual sea el método exactamente, pero es definitivamente óptico. Así que aunque el cartucho tenga polvo si este llega a cierto nivel del mismo con respecto a la base la impresora manda una señal de vacío y no nos deja imprimir. Sí, todo esto aun cuando no se haya presentado alguno de los síntomas característicos de falta de tóner que tal vez tú mismo, lector, hayas podido comprobar por medio de las impresiones de las copiadoras xerográficas (el procedimiento es el mismo, solamente que mejorado): falta de contraste, rayas en la impresión y renglones saltados.

Todo lo que hay que hacer para prevenir que la impresora vea el tóner, es taparle el agujerito. Sí, así de simple, y vuelves a imprimir. Vean el siguiente vídeo. 😆

Hace un par de horas mandé a impresión siete copias de un cuento que he estado escribiendo, para llevarlas al taller de narrativa, y cada una de ellas fue impecable: sin una línea, una raya, un barrido, una sombra… nada. Simplemente perfectas, como si el tóner fuera nuevo. Y es que… es prácticamente nuevo, a pesar de que ya tengo bastante tiempo con la impresora.

Esto me hizo sentir dos cosas: felicidad, porque no tuve que gastar en algo que no era necesario y que me habría convertido en cómplice del desperdicio, como pretenden las empresas que le apuestan a la obsolescencia programada; y enojo, porque razonando bien las cosas llegas a la conclusión de que no es justo que el ser humano siga adelante con su ambición desmedida de poseer más y más, y que para ello se lleve a los ecosistemas entre las piernas. Debemos avanzar como especie, demostrar que podemos ganarnos el nombre científico Homo sapiens. Sinceramente, no me importaría pagar productos más caros si el fabricante no me obliga por medio de trucos a comprar más consumibles o, en el peor de los caos, a tirar el equipo a la basura porque le pareció una excelente idea el decirle al cliente “hasta aquí puedes usar el producto que me compraste”.

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